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La Tata

Filosofando sobre mi vida

Ya no estamos en edad de sentir miedo…

Creo que las experiencias, amores y desamores nos ayudan a crecer, a fortalecer nuestra personalidad, a construir eso que somos o que queremos ser en una relación. 

Lo mismo pasa en el ambito laboral, familiar y demás. Todas esas altas y bajas nos permiten forjar el espíritu a lo largo de nuestras vidas, un camino que por cierto jamás dejamos de transitar.

Con el pasar del tiempo vamos haciéndonos más fuertes, aprendemos a sobrevivir a las rupturas cual si fueran el final de una película cuyo guión no nos resultó tan original ni diferente a lo que otros ya ofrecen.

Las decepciones nos duelen menos y las expectativas empieza a esfumarse de nuestro cerebro para darle paso a lo realmente importante, disfrutar la vida.

Y es que aprendí que todas esas lagrimas derramadas, todas esas ilusiones creadas en la mente, esas metas impuestas por el comercio y la sociedad empiezan a valer mierda en el preciso momento en que dejamos de tener miedo.

Pero, ¿a qué le tenemos?

Pues parece que esta generación a todo, por eso nos escondemos tras interminables viajes hechos al rededor del mundo, nos refugiamos en los likes y en los post que nos demuestran que estamos  a la altura de lo que alguien más dijo que era tendencia.

Le tememos al compromiso y a estar solos, nos da pánico el sentirnos atados a alguien, pero aborrecemos la idea de morir viejos y en soledad, nos da pavor el descubrir que no alcanzamos nuestras metas, pero es más la zozobra de hallarnos inmersos en la rutina del día a día, que abandonamos todo en la primera oportunidad que nos dé una excusa para salir por la puerta grande y no parecer cobardes.

Pero hoy ya no, ya no tengo miedo de que me partan el corazón o de hacer añicos el de alguien más, tampoco temo cambiar de planes y transformar las viejas metas, pues descubrir que evolucionar es aceptar que así como antes odiaba la cerveza hoy la disfruto y que así como antes le temía a enamorarme hoy pido un fin de semana tomarme una buena sangría.

Creo que debemos ahorrarnos los dolores de cabeza, mandar a la porra el ideal de lo qué deberíamos o no hacer y, vivir nuestra vida como nos dé  la PUTA gana, pero ante todo sin miedo, porque eso es lo que en verdad nos limita y nos hace prisioneros.

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Santa ley del stalkeo… el que busca encuentra.

Por qué nos jodemos la vida buscando lo que no se nos ha perdido, mensajes cuyo destinatario no somos nosotros, cuyo contenido pertenece a alguien más, suspiros de los que ya no somos protagonistas.

Por ahí dicen que somos de quien pensamos día a día, de quien posee nuestros suspiros, nuestra melancolía, pero en realidad son ellos quienes generan eso en nosotros, o ¿somos nosotros quienes creamos fantasías  y les damos el don de joder nuestras vidas?

En el mundo de las relaciones y las rupturas 2.0, el stalkear se ha convertido en sinónimo de masoquismo y autoflagelación, esa es la enfermedad de los corazones rotos, de los entusados o en proceso de rehabilitación post ruptura. 
Lo cierto es que más que una cura es una enfermedad, una molestia que no terminará hasta que tomemos rienda de nuestras vidas y entendamos que el pasado jamás fue mejor.

Perdamos el miedo, vivamos el presente, dejemos de pensar en el “qué hubiera sido si”, ya está mandado a recoger, tomemos decisiones sobre el ahora, disfrutemos ese beso nuevo, ese cuerpo extraño y experimentamos nuevas formas de llegar al orgasmo.

Basta de torturarnos con su nueva novia, con lo que hizo o dejó de hacer, con las canciones que ya no nos pertenecen y los cuentos que aunque nos parecen escritos para nosotros, no nos pertenecen, pues su inspiración no tiene nada que ver con ser su musa, Pues ese papel le pertenece a alguien más, de hecho siempre le perteneció a alguien más…

Crisis nivel: llegar  a una fiesta con el mismo vestido o peor aún,  el mismo ex…

Sé que a veces algunas mis historias parecen sacadas de la ficción y créanme, hasya yo quisiera que fuera  así, pero no lo es, y para  entretenimiento de ustedes lo que hoy aquí escribo es digno de terminar  en una película para chicas de Hollywood.

Mi primera relación, si aún no les  he contado terminó entre muchas cosas porque mi personalidad es compleja de asimilar y comprender, a  esto se suma que soy poco detallistas, mi lista de prioridades rara ve coincide con la de la otra  persona y bueno me gusta ser así, por lo que cambiar por alguien se me h6ace difícil.

A todo lo anterior deben sumar que ese ex al cual vamos a llamar señor P, me contó un poco tarde, es decir, cuando ya le tenía  involucrada, que antes de mi había existido una  chica a la que vamos a denominar señora K.

Resulta que K y P se separaron por temas geográficos, pero una vez superado dicho inconveniente yo fui eliminada de la  fórmula matemática, de P+T=2 por  un P+K-T=2. En pocas palabras P me dejó por K.

Me dolió, sí, me sentí engañada, también, pero nunca lo tomé como algo personal, al final de cuentas cuando uno quiere pues no piensa a quién lastima, o bueno los demás no lo hacen.

Hasta esa parte la historia parecer muy normal ¿cierto? Pues bueno, aquí llega la revancha o la secuela pero con algunos cambios en los protagonistas, ¿o no?.

Resulta que pasado un tiempo y con mi corazón recuperado por la ruptura con P, decidí abrirme e intentar una nueva relación, error garrafal, por  qué, les cuento este nuevo sujeto será el señor O,   resulta  que el señor O empezó con su galantería y logró descrrestaeme en  la primera cita,  todo iba  bien, salida va salida viene, juego por aquí, juego por allá, Alex se abre y decide aceptar iba relación, pasados unos días y por casualidades me entero que O conoce a K y P, además parece  no tener buena  relación con P, pero eso no  le impidió salir con K un tiempo atrás, sin que según el pasara nada trascendental, primera señal para huir, Pero como cosa rara, no lo hice.

Las cosas quedaron  ahí o eso supuse, no quise dejar que mi pasado o el de ambos afectara el presente  o supuesto futuro de la relación.  Los días pasaron y de la nada K apareció con invitaciones a O, trate de ser lo más madura posible, Pero lo acepto, la rabia de  tener que lidiar con el mismo fantasma me ganó y pdecidí expresarlo a O, quien juró que no había nada y que no iba a suceder nada porque K no era su tipo.

Los días pasaron, O me terminó por las mismas razones que P, otra vez hice mi ejercicio, lo superé, continué con mi vida y traté  de evitar al máximo enterarme de la vida de O, hasta que la sorpresa llegó.

Ahora les recomiendo tomar asiento e ir por una como de algún licor fuerte.

Decidí ir de fiesta con algunas amigas, antes del baile y los  drinks fuimos por algo de comer, al entrar  al restaurante me enfrenté al peor terror de toda mujer, que otra tenga  su mismo  outfit, o en este caso a tu mismo ex.

A veces siento que el error es mío al llegar a sus vidas  luego de ella,  teniendo en cuenta que no la conocía y que mucho  menos tengo algo en su contra, pero la verdad es un tanto difícil de afrontar que los dos sujetos  a quienes les abriste un espacio es tu vida te dejen por el mismo vestido o bueno por la misma K.

Rencor hacía ella o ellos  no siento,  lo que  me defrauda son mis decisiones, de siempre elegir mal, estar con quien no debo y repetir una historia a la cual no quise elegir.

Debo aceptar que ahora  parezco loca paranoica  preguntando a todo aquel con quien salgo si conoce a K, pues la verdad odio sentir temor de terminar en otra relación cíclica,  donde la fórmula de X+T= 2 sea reemplazada nuevamente por X+K-T=2.

Publicidad falsa y engañosa…

El problema de empezar a salir con alguien es que nos vendieron la idea de que jamás debemos mostrar lo malo que tenemos, que debemos vendernos con tal habilidad, que hasta el mejor publicista del mundo nos tenga envidia por nuestras técnicas de merchandising, es ahí donde empiezan los problemas, porque las primeras citas  se convierten en una lucha de vendedor que gana por comisión y todo se transforma en una pelea por meter el paquete chileno, cual si fuera lo último el guaracha.

Generalmente cuando la gente me conoce paso por negativa  e incluso hay quienes me dicen que no me sé  vender, y sí, esa es la verdad, no me sé  vender, porque prefiero arrojar mi manojo de defectos a la entrada y no a la salida, pues he recibido tanta mercancía defectuosa cuando se suponía que era perfecta, que ya me pongo en los zapatos del otro y lo que menos quiero es venderle algo que no soy, eso para evitar decepciones a largo plazo, porque para mi eso señoras y señores es mentir y como clientes afectados por la compra de un producto cuyas característica no son las que venían en el empaque, estamos en todo el derecho de reclamar cuando este deja de funcionar.

Tanto hombres como mujeres somos culpables de esta dinámica mercantil, pues tenemos tanto miedo al rechazo, que nos inventamos la mejor versión que se ajuste a lo que ese otro está buscando, el problema es que mas temprano que tarde nuestra personalidad sale a flote y con ella los defectos y las realidades, que si no fueron mostradas desde el inicio, créame, esa relación  no tiene futuro.

Ahora, creo que todo sería más fácil si no vamos por ahí mostrando espejismos, si usted es como yo que los domingos luego de bañarse busca una pijama y se queda desarreglada y sin peinarse, o que detesta usar tacones, maquillarse y usar vestido, pues simple, en las citas no use disfraz, sea usted, la chica que luce sexy en una camisa, jean y tenis, con un chonguito en el pelo y carilavada, pues al final de cuentas si las cosas fluyen, con el tiempo él se acostumbrará a verla así y no se llevará más adelante una decepción cuando usted ya entre en su zona de confort y deje de esforzarse por lucir regia, mejor, haga que ese estar arreglada sea un de vez en cuando para sorprender, no para espantar.

Caballeros, si ustedes son de los celosos que no quieren que su chica salga con amigos, que prefieren pasar en casa un sábado en la noche antes que salir de fiesta, y ya están buscando pareja para conformar algo serio y a largo plazo, pues dígalo, pero no salgan con frases como, “Yo no soy así” “Yo también tengo amigas mujeres y entiendo que necesitas tu libertad” o la típica ” Yo no quiero nada serio, sólo vivo el momento”, para después cambiar el discurso con reclamos porque nosotras queremos salir de fiesta, tener noches a solas con nuestros amigos, o simplemente vivir el presente y no buscar un marido porque no nos sentimos quedadas. Sean ustedes, no se conviertan en un personaje que no son y que peor aún, pueden llevar a que cuando saquen sus cualidades están pierdan valor, porque simplemente no son lo que nos vendieron.

Es culpa de las expectativas…

La mente en un arma muy poderosa, tanto así que aunque nos creemos el pajazo de que somos nosotros quienes la controlamos llegó la hora de aceptar que es al contrario, ella es un ente autónomo que se burla de nuestro cuerpo enviando falsas señales de que tenemos libre albedrío.

Cuando iniciamos cualquier tipo de empresa, relación o nos ideamos planes, la mente empieza a crear una serie de escenarios posibles que nos llevan a liberar tanta dopamina, que por momentos olvidamos que imaginarlo, no es vivirlo, y es allí donde todo empieza a fallar.

Es muy común que los primeros meses de relación todo sea color rosa, nos encanta todo del otro, sus complicaciones, sus faltas, e incluso su círculo social, todo por una razón, es tanta la dicha y el éxtasis que sentimos al estar al lado de quien nos gusta que no nos percatamos de que ya nuestras expectativas han empezado a hacer de las suyas.

En mi caso he aprendido a controlarlas, en especial cuando se trata de otras personas, pues siendo honesta, es muy difícil poder tener control sobre las acciones, reacciones y creencias del otro, tal vez es por ello que son las expectativas de los otros lo que lleva a que nos relaciones fracasen.

Soy consciente de que llevar una relación conmigo no es fácil, pues soy defensora de mi libertad, me gusta sentir que comparto mi vida con alguien, no que ese otro o yo nos absorvemos mutuamente hasta que no queda nada del individuo. 

Siendo honesta, tal vez mi manera de percibir la amistad en muy distinta a la de otros, Pero es  que no sé  ustedes, pero en mi caso soy afortunada de contar con amigos tan incondicionales, Que ya son familia.

En el caso de mi profesión, bueno es algo de vocación y amor, por lo que la disfruto a cada instante, por ello me es imposible decir que la voy a abandonar por la promesa de una vida en pareja.

Todo el anterior preámbulo tiene un fin, y es que con el tiempo he ido descubriendo que aquello con quienes me he arriesgado a tener una relación llegan a la misma conclusión, te quiero, pero no quiero a persona que eres, es decir.

Reconocer lo anterior es difícil, pues duele saber que cada vez que alguien decide estar contigo lo hace con la intención de cambiarte, lo que es peor es que son conscientes de que no cambiaré, pues mi excesiva honestidad me lleva a decirles desde un inicio el dolor de cabeza que puedo hacer, pero su ego y orgullo los enceguese tanto, Que de consuela con frases como”yo voy a lograr que se enamore tanto de mi, Que va a dejar de salir con sus amigos e incluso va a dejar a un lado sus sueños profesionales”.

Por largo tiempo me culpe por no cambiar, por no ser capaz de tomar las relaciones igual que los demás, abandonando a mis amigos, renunciando a mi vida profesional por dedicarme a  mi pareja, pero ya no, por fortuna la soltería nos permite ver las cosas desde otras perspectivas y si algo he aprendido es que  no quiero cambiar a la persona que va a estar a mi lado, ni mucho menos quiero moñdearla a mi gusto, Pues quiero que él  y yo seamos quienes queremos ser, para luego compartirnos mutuamente, sin pretensiones, sin solicitudes  de cambios.

No es que me quiera ser la eterna soltera, pero si lo voy a hacer no me importa, porque prefiero estar soltera, Pero siendo yo misma, no al lado de alguien que no me quiere ni se siente orgullo de lo que soy.

Encuentros con sabor a desencuentros…

Recuerdan al sujeto X, bueno, creo ha pasado mucho desde la última vez que escribí, y aún más desde que hablé de él, pero si quieren recordar el texto, y por supuesto comprender lo que sigue a continuación, aquí les dejo el link del post…

 (https://aliaslatata.wordpress.com/2017/03/10/neuronas-fuera-de-servicio/)

Así como llevaba largo rato sin compartir con ustedes mis historias, y de hecho ofrezco disculpas por ello, así mismo pasó largo rato desde el último encuentro con el Sujeto X, y este post señoras y señores, les permitirá entender porque incluso una conexión tan grande puede derrumbarse.

Siempre he creído que el tiempo es nuestro mejor enemigo disfrazado de amigo, pues nos hace creer que está a nuestro favor, que sólo es una cifra a manejar en un mundo donde todo se reduce a porcentajes y cuentas falsas, para después de la nada, sacar su espada y clavarnos el puñal por la espalda.

La última vez que el Sujeto X y yo nos vimos, fue hace casi un año, un encuentro lleno de ganas, deseos reprimidos, y gemidos que pedían con fuerza salir de nuestras gargantas. El sexo, como siempre con él, fue una montaña rusa de sensaciones y emociones. Al terminar cada quien por su lado, sin explicaciones, pero satisfechos.

Pasaron los días y de pronto todo se salió de control, un diagnostico medico mal dado generó cierto malestar entre ambos, las palabras se fueron, por largo tiempo, luego vinieron los reclamos, los celos, la desconfianza y por último, el ingreso de otros a la vida de ambos, es decir, nuestro partido de tenis había terminado, o eso creímos.

Debo reconocer que fui yo quien lo buscó en primera instancia, qué si tenía miedo, la verdad, estaba aterrada, nuestra última conversación finalizó con un rotundo no estoy saliendo con nadie, no tengo pareja, y un mes más tarde el Sujeto X me vio caminando de la mano con un hombre que no era él, y al que le permití hacer cosas que X no podía considerar realizar.

Pese a lo que me imaginé me contestó, hablamos de trivialidades, creo que ambos teníamos temor de llegar al tema que nos relacionaba, tal vez porque ya presentíamos que no había nada, o porque simplemente, teníamos temor de la reacción del otro. 

Hubo que esperar a otro par de conversaciones vacías para al fin destaparnos y decir la verdad, o al menos de mi parte, que lo deseaba, que quería estar con él, que mi cuerpo lo necesitaba. Ahora me preguntó si él sintió lo mismo, o sólo se dejó llevar porque no había alguien más disponible, en fin, ya no lo sabremos.

Pasaron  los días y el deseo crecía, cuando ya sentía que no iba a suceder, como siempre pasa con él, apareció de la nada, un simple “Hola”, con sabor a “se quiere divertir hoy”, fue todo lo que necesitaron mis hormonas para descontrolarse y salir corriendo al encuentro.

No lo niego, al principio me invadió una corriente eléctrica, que por momentos sentí me iban a dejar sin alientos de caminar, pero guardé la compostura, y  por primera, vez logré controlar la ansiedad que me generaba el encuentro.

Llegué a su encuentro, y allí estaba él, sentado con una cerveza en una mano y un cigarro en la otra, como siempre lo acompañaban su elocuencia para hablar, su cinismo frente a la vida, y las contradicciones de quien ha vivido poco en tiempo, pero que ha acumulado gran número de experiencias que lo hacen pensar más allá de la edad real que tiene. 

Tal vez todo fue una señal de que las cosas ya no marchaban bien, pues por primera vez, desde que lo conozco no me sentí intimidada, e incluso pude mantener la conversación con tal grado de elocuencia, que ni yo me lo creía.

Bastó con llegar al motel para entender que algo no marchaba bien, se equivocaron de habitación, nos abrieron la puerta y a eso se suma que hacía un calor casi infernal. Pasamos por alto las alertas y continuamos con nuestro plan, ambos iniciamos como nuestros respectivos recorridos por el amplio camino que representa el cuerpo del otro, hasta ese momento todo parecía marchar igual a los otros encuentros, hasta que de la nada, todo se cayó, me volví torpe, me sentí insegura, y lo peor, ya no parecía ser deseada.

Aún me pregunto si en realidad fui yo quien proyecto esa emoción en la habitación, pero es que no sentí la chispa salir de su cuerpo, sus caricias eran apresuradas, sin deseo, sin emoción, sus ojos no buscaban mi cuerpo, su boca no quería comerme a montones, y su sexo, pues no sorprendió al verme tal y como pasaba antes.

Lo intentamos en repetidas oportunidades, pero el resultado fue el mismo, yo ya no estaba en el lugar, mi mente estaba aterrada y mi cuerpo decepcionado, y él, pues bueno, creo que su frustración fue mayor a la de los colombianos con lo del gol del capitán Yepes en el mundial de Brasil.

No nos quedó más remedio que recoger nuestras cosas y salir, el silencio por primera vez ni fue el protagonista, él como siempre siendo un verdadero caballero, aunque no le guste aceptar que lo es, trató de evitar que me sintiera mal, pero su intento fue en vano, claro que esa parte me la reservé.

Mientras escribo este post recuerdo cada una de las cosas que sucedieron ese día, y creo que la respuesta es la misma, el tiempo nos pasó factura, y fue tanto el deseo que teníamos reprimido que nos idealizamos, al punto de que al ver la realidad ya no nos despertó en la sangre las mismas sensaciones de las fantasías que se formaban en nuestras mentes y cuerpo en las noches frías.

De esa manera tan cruel tuve que entender que era la hora de pasar la página, cerrar el ciclo y dejar que el Sujeto X continuara con su vida, renunciando a mi egoísmo y entendido, tal y como dijo él al salir de la habitación, este fue el más extraño desencuentro que tal vez vayamos a experimentar en nuestras vidas.

Por ahora, no me queda más que agradecerle por los días de buen sexo, de largos gemidos y de danzas guiadas por la pasión, transformándolo en un lindo recuerdo, llevándolo al pasado, pero manteniéndolo presente como una de las mejores experiencias que he vivido hasta el momento.

Sin más preámbulos, es hora de decirle adiós señor X, que tenga muchos orgasmos en su vida y que el placer lo acompañe…

¿Por qué son tan egoístas?

Si vas a tomar la decisión de acabar una relación, por favor Piénsalo dos veces, incluso hasta tres. Acabar algo no es fácil, pero si eso es lo que quieres y es lo que decidiste, debes respetarlo, no se aparezcan después con mensajes de te extraño, o con llamadas de felicitaciones el día del cumpleaños, no sean crueles con la otra persona, se sufre y mucho con esa inconsistencia.

Si en realidad se quiere lo que nos se pretende es hacer sufrir al otro y menos salga con frases como “te quiero, fue muy difícil tomar la decisión, pero es que para estar contigo tendrías que cambiar lo que eres y no quiero que eso paso”. Bueno si sabe que no quiere y que eso no va a pasar, pues ni lo comente.

Deberíamos tener un manual de instrucciones para aprender a respetar a los que somos buenos ex, esos que cuando nos dicen, no ere suficiente, no eres lo que quiero, pues ya, nos vamos, no nos convertimos en un fantasma que atormenta la tranquilidad del otro.

Pd: hoy no escribí con coherencia ni inspiración, hoy las letras fueron guiadas por el dolor, la impotencia y la decepción.

La edad del LIMBO…

Estoy en ese momento de mi vida en el que los niños me dicen señora, y los adultos me dicen niña; en el que no tengo la suficiente experiencia para asumir ciertos cargos laborales, pero en la que estoy sobreperfilada para desempeñarme en otros; la edad en que para mis tías ya me está dejando el tren y temen que me convierta en la soltero a de la familia , pero que según yo es la edad donde apenas estoy empezando a vivir mi vida. Tal parece que los 25 son la edad para vivir en el LIMBO y no, no me refiero al baile donde te pasas bajo una barra mientras usas un collar de flores y sostienes un margarita en tu mano derecha.

Cortesía: giphy.com

 
Si bien soy consciente de que debido a ciertos inconvenientes personales inicié mi formación universitaria varios años después de lo que hubiese deseado, no me arrepiento de que así fuera, pues de lo contrario no contaría con la experiencia emocional y mental para afrontar varios de los retos personales que se viven durante esa época, que como he expresado en otros post, no es para nada similar a lo que nos vendió American Pie.
Pero regresando al problema de los 25, es que cuando a dicha edad aún no tienes un futuro laboral estable, no cuentas hasta el momento con un historial mayor a cinco meses en tus relaciones sentimentales (y eso que ha sido la más longeva), tu familia y amigos empiezan a preocuparse e incluso a presionarte para que esclarezcas tú futuro.

El inconveniente es que se llega a un punto en el que empiezas a creer que en realidad vas atrasada, que las cosas están saliendo mal y que si no te despiertas vas a acabar desempleada y soltera por el resto de la vida.

Cortesía:natroberts9412

El punto es que en realidad eso no es tan grave, bueno lo de ser desempleada por siempre sí lo es, y mucho, más cuando amas viajar, y trabajaste desde que saliste del colegio para no tener que ser una responsabilidad económica más para tú  familia, pero vamos, no podemos siempre mirar hacia los lados y pretender seguir el ritmo de los demás, y no re trata de ir adelantada o atrasada al tiempo de los otros, se trata de estar a tiempo para uno mismo, de sentirse a gusto con los logros obtenidos, de luchar siempre por alcanzar todas y cada una de las metas, pero siempre siendo fiel a sí mismo.
El problema de los 25 no es que sea el LIMBO, es que la sociedad trata de establecer un tiempo para vivir la vida de todos los individuos, sin entender que somos distintos y que mientras a los 25 tengo conocidas que ya se casaron y tienen hijos, otras son importantes empresarias, periodistas, músicas, modelos, pero también están las que aún no saben qué hacer con sus vidas, las que viajan  por el mundo, las que viven de fiesta en fiesta, las que no temen pedir dinero a sus papás para vivir aventuras y las que como yo, estamos a la espera de recibir un diploma y hallar un empleo de nuestro agrado, porque no se trata de apresurarnos sino de vivir a nuestro tiempo. 

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La culpa es del visto

Esas dos chulitos azules y esa palabra VISTO, son en la actualidad los principales causantes de grandes discusiones, pero ¿por qué? Pues simple, no estábamos preparados para afrontar que simplemente así aparezcamos todo el tiempo en línea no siempre contamos con tiempo para dar una respuesta inmediata o que hay casos en los que por más que se quiera, no se tiene una respuesta.

Cortesía:gifs.mott

 Para quienes nacimos en el siglo pasado y desarrollamos nuestras habilidades chateadoras con el famoso Messenger, sabemos que existía el zumbido, sí, esa estrepitosa alarma que nos obligaba a contestar lo más pronto posible el mensaje recibido, a esto se le debe sumar a que nos acostumbramos a las largas llamadas telefónicas donde a cada pregunta se le debía tener una respuesta inmediata, esto nos hizo impacientes y ansiosos, es por ello que hoy día para algunos se hace tan complejo el aceptar el famoso VISTO.

Cortesía: whatthegirl.com

Pero ¿qué significa en realidad que nos dejen en visto?

Para algunos es sinónimo de que la conversación era aburridora y poco aportante, para otros es una manera muy sutil de decirle a la otra persona no me importas, los más tranquilos lo expresan como un simplemente no puedo responder ahora, pero en cuanto tenga tiempo te contesto, incluso hay quienes tienen a su favor la descarga de la batería, la falta de datos o red wifi, entre otras, pero qué sienten quienes son dejados en visto y quienes dejan en visto a su interlocutor. 

Otros tienen como ley en el chat la técnica de Paris Hilton, algo así como, nunca seas el primero en llegar a la fiesta ni el último en irte, una filosofía de vida muy digna de alguien con un problema de narcicismo, pero para el resto de la humilde humanidad una dejada en visto puede significar incluso el fin de una relación.

En lo personal considero que el problema no es del VISTO, sino del tipo de conversación que se tenía, de la persona quien lo recibe y de lo mucho que importe quien lo envía, porque sí, el VISTO en la actualidad también se ha convertido en un mensaje.

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