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La Tata

Filosofando sobre mi vida

La edad del LIMBO…

Estoy en ese momento de mi vida en el que los niños me dicen señora, y los adultos me dicen niña; en el que no tengo la suficiente experiencia para asumir ciertos cargos laborales, pero en la que estoy sobreperfilada para desempeñarme en otros; la edad en que para mis tías ya me está dejando el tren y temen que me convierta en la soltero a de la familia , pero que según yo es la edad donde apenas estoy empezando a vivir mi vida. Tal parece que los 25 son la edad para vivir en el LIMBO y no, no me refiero al baile donde te pasas bajo una barra mientras usas un collar de flores y sostienes un margarita en tu mano derecha.

Cortesía: giphy.com

 
Si bien soy consciente de que debido a ciertos inconvenientes personales inicié mi formación universitaria varios años después de lo que hubiese deseado, no me arrepiento de que así fuera, pues de lo contrario no contaría con la experiencia emocional y mental para afrontar varios de los retos personales que se viven durante esa época, que como he expresado en otros post, no es para nada similar a lo que nos vendió American Pie.
Pero regresando al problema de los 25, es que cuando a dicha edad aún no tienes un futuro laboral estable, no cuentas hasta el momento con un historial mayor a cinco meses en tus relaciones sentimentales (y eso que ha sido la más longeva), tu familia y amigos empiezan a preocuparse e incluso a presionarte para que esclarezcas tú futuro.

El inconveniente es que se llega a un punto en el que empiezas a creer que en realidad vas atrasada, que las cosas están saliendo mal y que si no te despiertas vas a acabar desempleada y soltera por el resto de la vida.

Cortesía:natroberts9412

El punto es que en realidad eso no es tan grave, bueno lo de ser desempleada por siempre sí lo es, y mucho, más cuando amas viajar, y trabajaste desde que saliste del colegio para no tener que ser una responsabilidad económica más para tú  familia, pero vamos, no podemos siempre mirar hacia los lados y pretender seguir el ritmo de los demás, y no re trata de ir adelantada o atrasada al tiempo de los otros, se trata de estar a tiempo para uno mismo, de sentirse a gusto con los logros obtenidos, de luchar siempre por alcanzar todas y cada una de las metas, pero siempre siendo fiel a sí mismo.
El problema de los 25 no es que sea el LIMBO, es que la sociedad trata de establecer un tiempo para vivir la vida de todos los individuos, sin entender que somos distintos y que mientras a los 25 tengo conocidas que ya se casaron y tienen hijos, otras son importantes empresarias, periodistas, músicas, modelos, pero también están las que aún no saben qué hacer con sus vidas, las que viajan  por el mundo, las que viven de fiesta en fiesta, las que no temen pedir dinero a sus papás para vivir aventuras y las que como yo, estamos a la espera de recibir un diploma y hallar un empleo de nuestro agrado, porque no se trata de apresurarnos sino de vivir a nuestro tiempo. 

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La culpa es del visto

Esas dos chulitos azules y esa palabra VISTO, son en la actualidad los principales causantes de grandes discusiones, pero ¿por qué? Pues simple, no estábamos preparados para afrontar que simplemente así aparezcamos todo el tiempo en línea no siempre contamos con tiempo para dar una respuesta inmediata o que hay casos en los que por más que se quiera, no se tiene una respuesta.

Cortesía:gifs.mott

 Para quienes nacimos en el siglo pasado y desarrollamos nuestras habilidades chateadoras con el famoso Messenger, sabemos que existía el zumbido, sí, esa estrepitosa alarma que nos obligaba a contestar lo más pronto posible el mensaje recibido, a esto se le debe sumar a que nos acostumbramos a las largas llamadas telefónicas donde a cada pregunta se le debía tener una respuesta inmediata, esto nos hizo impacientes y ansiosos, es por ello que hoy día para algunos se hace tan complejo el aceptar el famoso VISTO.

Cortesía: whatthegirl.com

Pero ¿qué significa en realidad que nos dejen en visto?

Para algunos es sinónimo de que la conversación era aburridora y poco aportante, para otros es una manera muy sutil de decirle a la otra persona no me importas, los más tranquilos lo expresan como un simplemente no puedo responder ahora, pero en cuanto tenga tiempo te contesto, incluso hay quienes tienen a su favor la descarga de la batería, la falta de datos o red wifi, entre otras, pero qué sienten quienes son dejados en visto y quienes dejan en visto a su interlocutor. 

Otros tienen como ley en el chat la técnica de Paris Hilton, algo así como, nunca seas el primero en llegar a la fiesta ni el último en irte, una filosofía de vida muy digna de alguien con un problema de narcicismo, pero para el resto de la humilde humanidad una dejada en visto puede significar incluso el fin de una relación.

En lo personal considero que el problema no es del VISTO, sino del tipo de conversación que se tenía, de la persona quien lo recibe y de lo mucho que importe quien lo envía, porque sí, el VISTO en la actualidad también se ha convertido en un mensaje.

No es Tinder, soy yo…

En mi último intento en Tinder, que ya era el tercero, comprendí que el problema real no era la aplicación, era yo quien no estaba lista para desconectarse del pasado y afrontar las relaciones en plena era digital.

Siempre he considerado que nací unos cinco o diez años después de lo que en realidad debí haber nacido, no porque piense que todo pasado siempre fue mejor, sólo que pese a suponerse que por mi edad pertenezco a la denominada generación Milenial, no logro percibir la tecnología de manera tan positiva como lo hacen el resto de mis contemporáneos, tampoco es que la satanice, pero simplemente soy de las que prefiere tener a sus amigos reunidos en un café y no por una ventana de chat.

Si bien reconozco que la Internet nos facilita cientos de cosas que en el pasado era imposible solucionar sin hacer miles de maromas, creo que en cuanto a las relaciones interpersonales la estrategia no funciona, o al menos en mi caso, porque sí, soy muy chapada a la antigua.

Soy del tipo de mujer que prefiere sentarse en la barra de un café y conversar con un extraño antes que pasar una tarde entera dando like o rechazar a las fotos de desconocidos, en especial porque mi principal “defecto” (como lo catalogan mis amigos) es que incluso para tener una relación netamente sexual necesito una conexión mental con la persona, y no, no me refiero a que me guste al punto de querer algo más que sexo, la idea es que para desear a alguien necesito algo más que una cara bonita y un cuerpo tonificado, me excuso, pero me atraen los hombres que me retan intelectualmente, que me obligan a estar atenta a la conversación y que pueden sorprenderme con comentarios aportantes; ¡me declaro culpable¡, pero mi entrepierna se moja fácilmente con una buena frase y no con un par de ojos azules.

Cortesía: giphy.com 

Pero regresando a lo que nos compete, en realidad admiro y envidio a aquellas personas que han logrado conseguir sexo a través del uso de aplicaciones y redes sociales, de verdad quisiera ser como ustedes, y porque no, incluso conocer a alguien con quien tener una relación emocional, de esas que lee uno en otros portales web y que parecen ser la excepción a la regla.

Y es que con cada palabra que digito en este post me hago más consciente de que el problema soy yo y mi mente romántica, por querer un encuentro como los de antes, donde el desconocido se te acercaba en medio de la discoteca a ofrecerte una copa, o cuando simplemente usaban la excusa de pedir la hora o preguntar por una dirección con el único fin de conseguir un número, en fin, Tinder y las demás aplicaciones no fueron hechas para chicas como yo, que miramos el mundo a través de las palabras y que queremos que los hombres nos conquisten y se dejen conquistar.

No soy de las que anda por la calle en busca de romance, pero sí a la caza de una buena conversación, de esas que descontrolen mis neuronas y hagan que termine revolcándome en la cama de un atractivo chico que logre hacerme gemir.

Neuronas fuera de servicio…

No me considero una gran conversadora, mucho menos una maestra de la elocuencia, pero las palabras me fluyen con facilidad y no tengo que esforzarme mucho para lograr que una charla sea entretenida, a la mayoría de las personas que conozco les gusta hablar conmigo, de lo contrario creo que no me buscarían, pues no tengo más que ofrecer, además sin importar quien sea mi interlocutor expreso con facilidad mis pensamientos, generalmente sin filtros y sin medir el impacto de las palabras, pero es lo que pienso o siento.

Siempre había logrado que mis neuronas respondieran ante cualquier frase que otro me enviara, o al menos así era, hasta antes de conocerlo a él. 

Cortesía: taringa.net

 
No sé porqué razón, motivo o circunstancia desde el día en que conocí al sujeto “X” mis palabras no fluían, nuestro primer contacto fue en la cocina de mi anterior empleo y pese a que ni siquiera me parecía atractivo, había algo en su presencia que me hacía sentir inferior, torpe e insegura, esa primer vez todo lo que pude lograr hacer salir de mi boca fue un “Buenos días”. Y así transcurrió el tiempo en que ambos laboramos  en dicha empresa, yo no pasaba de un simple “Buenas” o un estúpido gesto con mi rostro que pretendía emular un saludo.

Algunas veces coincidimos en el almuerzo e incluso compartimos la misma mesa, pero todo era igual, el instante en que él empezaba a hablar algo dentro de mi se desconectaba ,  dejaba de funcionar, y por más que tratara  de encontrar algo elocuente para opinar, simplemente mis voz se empezaba a empequeñecer y mis comentarios pasaban desapercibidos.

De la nada dejé  de verlo, creí que simplemente ya no coincidíamos a la hora de tomar el café debido a que mi hora de almuerzo se había modificado, igual a las pocas semanas dejé  de trabajar en la compañía, no había forma de volverlo a ver, es más en ese momento ni siquiera le dí  importancia a lo que sucedía, no me generaba en absoluto malestar, o bueno, eso creía.

Cortesía: taringa.net
Pasaron algunos días y como por arte de Tinder lo encontré, sólo  por curiosidad le dí  me gusta, nunca esperé  que él  hiciera lo mismo,  de haber querido algo conmigo podría haberlo buscando en el trabajo,  o bueno,  tal vez no recordaba quien era,  tampoco tenía motivos para ser un recuerdo para él. Pero así fue y gracias a Tinder comenzamos a hablar,  nada profundo, sólo  trivialidades,  trivialidades a las que no era capaz de contestar sin antes analizar con detenimiento la supuesta mejor respuesta.

Sin saber cómo ni porqué las conversaciones llegaron a algo más que el fútbol y la literatura,  caso que no me molestó, es más me llevó  a querer experimentar en carne propia lo que las palabras habían descrito.

Con cada encuentro mi inseguridad aumentó, me daba temor hacer algún comentario idiota en su presencia, simplemente las palabras no fluían con él, no salían de manera coherente de mi boca,  es más, ni siquiera sabía lo que estaba pronunciando, pues mi cerebro no respondía,  no procesaba  la información, mis neuronas me saboteaban, nunca he podido entender porqué ante él no soy yo, simplemente Alex se siente diminuta,  insegura e insatisfecha de sí  misma.

Echarle la culpa a él  no puedo,  pues nunca me ha tratado con inferioridad, ni pretendiendo hacerme sentir menos, tampoco niego que tiene una gran habilidad para el lenguaje,  tanto escrito como verbal, siempre logra expresarse como es debido, pero todo tiene un trasfondo, pues ya me generaba cierto temor sin siquiera haber escuchado por primera vez su voz, por aquel entonces no se pasa por mi mente la idea de estar en su cama, mucho menos pensé en eso cuando le dí  el like en Tinder,  simplemente con él  no soy yo.

Cuando el karma te persigue en Tinder…

Aquellos que alguna vez en su vida han usado Tinde, o que son activos en esta popular red social, pueden que hayan pasado por algo similar a lo que a mi me ocurrió.

Cortesía: giphy.com 

Si bien existen cientos de personas que usan la aplicación, Tinder, pese a ser un espacio virtual, no parece ser lo suficientemente grande como para alejarte de un ex. 

Y es que así como muchos de nosotros al terminar una relación recurrimos a este tipo de plataformas para hallar bien sea a la media naranja o a cualquier otra fruta para pasar el tiempo, pues parece que la otra parte que conformaba antes nuestra mitad también puede hacer lo mismo, o al menos eso es lo que me ocurrió.

Cuando aparece la foto de un ex en la pantalla de Tinder son miles de ideas las que procesa tu cerebro, algunas de ellas son frase tipo, “¿será que él le dió  rechazar o me gusta a mí foto?” “¿y si le doy me gusta sólo  por molestar?” “¿cuántos match tendrá? espero que no más que yo”. Así sucesivamente la lista se va llenando de preguntas, afirmaciones, ideas locas, otras no tanto, en fin, el punto es que cuando tomamos la opción rechazar algun@s,  me incluyo en la lista, disfrutamos de esa acción de decirle NO a esa persona que de alguna u otra forma nos hirió y a la que también lastimamos.

Cortesía:seveteen.com

Pero la experiencia no queda ahí,  uno de los chicos con los que salí la primera vez que  usé  Tinder se convirtió en mi karma recargado, y no es precisamente porque su foto aparezca como opción,  no señoras y señores, no es así,  resulta que cada vez que encontraba a alguien con un perfil llamativo y observaba las conexiones, nuestro amigo en común era el susodicho, situación que pone en duda el dar like o rechazar, pues al ser una conexión en común sería un tanto extraño terminar teniendo sexo con alguno de sus amigos cercanos.

En fin, tal parece que el universo de Tinder termina presentándonos a aquellas personas que de una u otra forma queremos evitar, enviando una especie de prueba cósmica para entender un poco más  lo complejas que son las redes humanas,  donde al final parece que todos de alguna manera estamos conectados.

Las letras son más pacientes que los humanos…

Es más fácil refugiarse en las letras y formar palabras que expresen en una pantalla o en el papel lo  que sentimos, incluso,  es mucho mejor escribirlo que decirlo, pues ante la escritura es imposible mentir, las palabras salen de nuestro cerebro,  de nuestro corazón tal y como las pensamos y sentimos, sin adornos, sin temores, sin esperar ser correctas.

Lo escrito hoy es efecto del insomnio, no de mi cordura…

Sufrir de insomnio parece ser uno de los males más comunes entre los seres humanos, pues se cree que cerca del 35% de la población mundial padece problemas para conciliar el sueño, ¿soluciones? Muchas, pero estas dependen a su vez del entorno cultural, es por ello que algunos terminan contando ovejas, otros se concentran en su respiración, los más afortunados recurren al sexo y los desesperados a medicamentos.

Cortesía:tumblr.com

Si bien los trastornos del sueño están  ligados a diversos factores como el estrés, la ansiedad, entre otros, hay un tipo de insomnio que tiene nombre propio y puede llamarse Camilo,  Andrés,  Juan, Cristian, David o Camila, Carolina,  Daniela, Susana, en fin, todo de pende de quien torture nuestra mente y nos lleve a planear más allá de lo que sabemos nunca va a suceder.

La mente es nuestra más  fiel amiga pero también desleal enemiga, porque aprovecha las noches silenciosas para traer imágenes que atormentan nuestro descanso, es más, si eres afortunado y logras dormir, esta usa tus sueños para martirizarte.

El problema de que el causante de nuestro insomnio tenga nombre, apellido, camine y respire,  es que generalmente nos pasamos la noche en vela imaginando, idealizando, planificando e incluso saboteando acontecimientos que jamás sucederán, o por el contrario, que sucedieron pero que ya no  hay forma de regresar el tiempo para  actuar  de una manera distinta a lo ejecutado.


Cortesía: tumblr.com

 Pero el insomnio no viene solo, no señoras y señores, él  llega acompañado  de su amiga la ansiedad, y juntos hacen un cóctel  perfecto para la autodestrucción, porque ahí es donde uno empieza a querer hacer llamadas que no debe, a buscar  fotografías olvidadas, a stalkear perfiles y a malinterpretar  estados que desde hace mucho tiempo dejaron de estar dirigidos hacia uno.Como si lo anterior fuera poco recurrimos entonces a la música, y no buscamos algo alegre ,  no, lo primero que aparece en nuestra lista de reproducción son esas canciones que nos recuerdan  a esa o esas personas,  porque créame a veces el tormento viene por dos, tres y los que usted quiera.

Sin importar cuál  sea el motivo de su insomnio creo que hay algo que compartimos y es que no hay anda peor que el no conciliar el sueño, aún cuando nos pasamos la noche bostezando, con los párpados caídos y el cuerpo cansado.

A la caza de un buen libro…

Soy de esas personas que ama leer, le gusta meterse en las hojas de un buen texto, dejarse llevar por las palabras, transportarse a través de los personajes.

El último libro que leí,  y que de hecho terminé  ayer fue Madame Bovary, un texto clásico que narra la historia de una mujeres insatisfecha por no poder vivir el tipo de amor que describen las novelas que lee y por ello culpa a su esposo por las malas decisiones que toma. 

Ahora que ya he finalizado con Emma quiero dar el siguiente paso en esta relación y empezar una nueva historia, es por ello que hoy recurro a ustedes queridos amigos blogueros para que me ayuden a cazar la historia que me acompañará durante este nuevo mes.

Un abrazo, saludos a todos y gracias por participar 

 

Que vivan los lunes lluviosos…

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Cortesía: accionpreferente.com

Los lunes son la pesadilla de cualquier ser humano promedio que debe trabajar o estudiar semana a semana, es un monstruo que nos recuerda que el descanso terminó, que es hora de despertar del sueño y volver a la rutina.

Pero no siempre el lunes puede ser un tormento, hay quienes son más positivos y lo ven como uno nuevo ciclo o comienzo, la oportunidad de volver a intentar las cosas e incluso, de hacerlo mejor, en fin todo está  en la manera en que cada uno de nosotros percibe ese primer día de la semana.

En lo personal los lunes pueden ser un tanto extraños,  primero porque debido al trasnocho y a los excesos del fin de semana el cuerpo está  más cansado que un viernes a las 9 de la noche, a esto se suma que generalmente durante el sábado y el domingo nuestra mente está  inmersa en un estado de placer tan alto, que pareciera que los lunes estuviésemos atravesando por una fuerte depresión, pero existe algo que hace que un simple lunes pueda cambiar, o al menos en mi caso.

Muy a las 6 de la mañana salgo de mi casa camino  a la universidad, la primera clase de los lunes siempre va a ser un desastre sin importar que tan bueno sea o esté el profesor (Lo siento, pero a veces el atractivo físico de algunos docentes ayuda a la concentración) en fin, regresando a lo importante,  termina la clase,  salimos a comer algo y de repente ahí está el motivo de mi alegría un lunes a las 10 de la mañana, la lluvia.

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Cortesía: blogspot.com

Hace frío, el olor a petricor inunda todo el lugar y de repente me siento más despierta,  más activa y motivada, la mayoría de mis compañeros optan por huir del agua,  otros prefieren incluso no comer para evitar mojarse, yo en cambio me aventuro a dejar que las gotas caigan sobre mi cuerpo, me purifiquen, me animen y me permitan sentirme  viva.

Sin temor me atrevo a ir hasta la cafetería, a tomar algo caliente y comer algo esponjoso y harinado, todo con el fin de retomar fuerzas y regresar a la lluvia,  es justo cuando me dispongo a volver al salón de clases que me encuentro al profesor que dictará la siguiente materia, me ve toda empapada y me dice:-“otra vez usted jugando en medio de la lluvia, cuándo va a crecer señorita Alexandra, uno no puede andar por la vida creyendo que todo es diversión, hay que estar serios, usted cree que así toda mojada va a ser capaz de estar atenta en mi clase,  y esta que es la primera del semestre,  ya empezamos mal”-

Me quedé mirándolo a los ojos tratando de comprender porqué  le molestaba tanto el verme así, pues no era la primera vez que me veía empapada por la lluvia,  y mucho menos,  la primera ocasión que me regañaba por lo mismo,  en fin, como me sentía tan contenta y no quería que nada ni nadie perturbara  mi felicidad opté por decirle un simple -usted tiene razón profesor, voy a dejar de jugar, pero no hoy,  ya es muy tarde para empezar con ese tipo de cambios,  el otro lunes tal vez- puso cara de, con usted no se puede, sacó su sombrilla y avanzó por el sendero hacia el salón.

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Cortesía: blogspot.com

Yo iba detrás de él a paso lento para disfrutar de las últimas gotas, de pronto él  se regresó,  guardo su paraguas y me dijo, -quiere saber por qué soy tan cascarrabias con usted- yo no me atreví a contestar su pregunta,  pues sabía que aún sino quería hacerlo, él  la contestaría, -la verdad Alex es que en usted veo mucho de mi cuando joven,  y me da envidia, envidia de ver que usted aún  se toma todo de una manera tan tranquila, a veces quisiera robarme esa infantil manera suyo de ver y hacer las cosas y permitir que el niño que hay en mí salga a flote otra vez-

Lo sujeté del brazo y sin que él se diera cuenta lo llevé por el sendero más largo, no dijo nada más,  yo tampoco tenía palabras para pronunciar,  cuando llegamos al salón todos se quedaron sorprendidos por vernos mojados y juntos, él  simplemente  sonrió y me dio las gracias y exclamó -bueno, es hora de volver a la realidad y a nuestros largos debates sobre sobre Sartre,van Dijk  y los demás- con un simple símbolo de paz y amor hecho con mis dedos le expresé  que estaba de acuerdo.

En medio de la clase noté qué de vez en cuando el profesor se quedaba mirando por la ventana la caída de las gotas y se le escapada una larga sonrisa que trataba de disimular con su ceño fruncido, fue ahí donde entendí el poder purificador que tiene la lluvia, en especial cuando cae en un día lunes.

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